sábado, 16 de noviembre de 2013

EL HOMBRE SABIO

Una tarde, tuve el privilegio de  presenciar una conversación entre un hombre sabio y dos mentes privilegiadas. Evidentemente yo aporté poco, porque mi sabiduría anda como la economía del país, despistada y de recortes.
Durante esa conversación, el hombre sabio hablaba de otra persona no presente, en ese momento, y de su nueva relación sentimental, en la que lo estaba dando todo. El hombre sabio, muy al contrario de lo que yo podía pensar, marcaba ese detalle como algo negativo, porque en esa relación, él, no se estaba guardando nada para sí mismo, y eso no era bueno. Las dos mentes privilegiadas, muy convencidos y de acuerdo con lo que estaban escuchando, se limitaron a poner cara de circunstancia y a asentir con la cabeza.
Yo, que suelo encontrarle aplicación a todo, no dije nada, pero vi, rápidamente una similitud entre el sujeto al que estaban analizando y yo misma, aunque no sólo en la parte sentimental, sino en todas las facetas de mi vida.
Es habitual en mí no guardarme nada para mí misma y eso me sitúa muchas veces en una situación de vulnerabilidad nada agradable.
No sé si el hombre sabio se refería o no a esa vulnerabilidad, porque especificó poco. (Así son los hombres sabios, a veces, difíciles de entender; a buen entendedor, pocas palabras bastan; que cada uno lo interprete según lo haya entendido y el que no lo entienda que se joda.) Pero lo que sí entendí es que debo cerrar esa ventana de mi vida por la que se me escapa todo y por la que se cuelan golpes que impactan contra mí por derecha e izquierda.
Las cosas no cambian de un día para otro, pero ¿quién sabe? Quizá el día que llegue a la edad del hombre sabio, haya conseguido alguno de los objetivos que me voy marcando.

viernes, 15 de noviembre de 2013

MIEDO A DESPERTAR

Cada mañana al abrir el ojo, mi televisión anuncia que otro asesino ha sido puesto en libertad.
A lo largo del día, a veces antes, a veces más tarde, compruebo que no era un sueño, sino la triste realidad.
Esto se está convirtiendo en costumbre y me está dando mucho miedo.

jueves, 14 de noviembre de 2013

EL RADAR DE INJUSTICIAS

Últimamente se ha despertado una hipersensibilidad en mi radar de injusticias.
No sé si eso me convierte en una “Robin Hood” moderna o en una auténtica “mosca cojonera”, aunque me inclino más por la segunda opción que por la primera, más que nada, porque es como más de mi tierra.
De todas formas, da igual, porque en ambos casos, no es muy recomendable tenerme cerca. Mi estado de ánimo viene teniendo una buena sobrecarga de “mala leche” que contagia a todo el que me rodea.
Sólo espero que sea una cuestión pasajera, y que como el otoño, pase pronto.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

COSAS DIFUMINADAS

Ayer fui al oculista. Tenía que graduarme la vista. No veo bien, me cuesta enfocar y ver las cosas con claridad.
El médico, tras someterme a varias pruebas y dilatarme la pupila para ver mi fondo de ojos, me dio su diagnóstico: “No se preocupe, está usted bien. No tiene ningún problema. Es más, puede dejar de usar las gafas que usa, porque no es que usted no vea las cosas claras, sino que las cosas están así, como difuminadas.”
Nunca lo habría definido así, pero después de mirar a mi alrededor, con y sin gafas, fue así como las vi, y me pareció una calificación bastante adecuada.
Supongo que tener las pupilas totalmente dilatadas me ayudó a verlas así, sin embargo, al levantarme esta mañana, con las pupilas en perfecto estado, el panorama no ha mejorado en absoluto.

lunes, 11 de noviembre de 2013

CONECTANDO

Hoy se ha vuelto a poner en marcha el engranaje de mi particular red de contactos. El motor principal, esta vez, no ha sido facebook, ni el WhtasApp, ni el e-mail, sino la más antigua de estas herramientas y la más rápida, mi teléfono.
Con algunos hacía tres años que no hablaba y no sabía lo que me podían contestar al escuchar mi nombre. El tiempo suele hacer estragos en estos asuntos. Sin embargo, me ha resultado muy agradable la velocidad a la que hemos contactado unos y otros para la búsqueda de un objetivo común, conseguir un documento que necesita el Ayuntamiento, el que fue nuestro punto común de trabajo. El motivo ha sido la excusa perfecta para un nuevo reencuentro, y aunque de momento sólo ha sido telefónico, en breve lo será en persona.
El mecanismo, como recién engrasado, ha funcionado como una máquina de precisión.

domingo, 10 de noviembre de 2013

EL LIBRO (CUENTO) DE LA SUMISIÓN

Años teniendo que utilizar la @, que me resulta bastante incómoda, incordiante y con la que me identifico poco, las terminaciones o/a, os/as, es/as, que además dificultan bastante la lectura…, y hoy me entero que la mujer lo que tiene que hacer, es ser sumisa.
¿Pensar? ¿Para qué? Lo que hay que hacer es obedecer.
Así lo indica un libro que ya ha sido líder de ventas en Italia, y que se ha publicado en España por iniciativa del Arzobispado de Granada. “Por Dios Bendito”, con la cantidad de buenos “escritores/as” buscando quien les publique.
El otro día llegó a la pantalla de mi teléfono un texto a modo de chiste que decía algo así:
“Había una vez una chica que le pidió matrimonio a un chico. Este le dijo que no y la chica vivió feliz para siempre. No tuvo que lavar y planchar para nadie, entraba y salía a su antojo, se cepillaba a quién le daba la gana y se gastaba su dinero como quería. ¿Por qué no nos contaron este cuento en vez de jodernos la vida con el puto príncipe azul?”
A la autora del libro, que se cuestiona qué viene después del beso final de los cuentos y películas y que recalca que “ahora es el momento de aprender la obediencia leal y generosa”, tampoco le debieron contar el bueno.

http://www.hoy.es/rc/20131110/mas-actualidad/sociedad/arzobispado-granada-edita-libro-201311100003.html
 

sábado, 9 de noviembre de 2013

LLEGUÉ TARDE, OTRA VEZ.

Antes, sólo me reñía el Alcalde por no leer el periódico. Entonces trabajaba en un Ayuntamiento y debía estar al tanto de todas las noticias en las que aparecía la Escuela Taller que yo dirigía. Leerlo era una labor que, normalmente, no realizaba debido a la variedad de comienzos del día que se nos planteaban en cada jornada. Cuando aparecíamos en portada, solía enterarme porque el Alcalde me llamaba dando gritos a las 8:00 de la mañana, cuando no había tenido tiempo, ni siquiera, de entrar en el despacho.
Sigo intentando hacerlo a primera hora de la mañana, pero tampoco es una tarea que me resulte fácil y no consigo hacerlo más de una vez por semana. Ahora, la diferencia, es que me riñe más gente: los miembros de mi equipo de trabajo, el Secretario General de la Consejería para la que trabajamos, mis amigos y por último mi madre hace un par de días.
Tienen toda la razón. El miércoles, el Hoy publicaba el fallecimiento de un hombre en una céntrica calle de mi localidad. Era un íntimo y muy querido amigo de mi familia.
Mis obligaciones laborales mantuvieron mi teléfono desconectado todo el día y mi falta de costumbre de leer el periódico aumentaba mi desconexión con el mundo.
Cuando me enteré del suceso, apenas tuve tiempo de salir corriendo para llegar al entierro. Todo el mundo me echó en falta en el tanatorio y en los momentos críticos en los que hay que estar junto a los familiares. Yo no podía más que sentirme culpable, y recordar. Recordaba la dedicación que ofreció a mis abuelos, la ayuda que desinteresadamente me dio en mis comienzo con las nuevas tecnologías, el tiempo de juego con su hija pequeña, que ahora ahogaba su llanto sobre el hombro de su madre y tantas otras situaciones en las que él estuvo ahí, donde consideraba que debía estar.
Todo ha sido prematuro, sin aviso previo y con premura. Esta vez el periódico fue más rápido que las llamadas, que los mensajes, que los correos. Pero daba igual, yo como siempre llegando tarde.