sábado, 23 de febrero de 2013

MORIR FELIZ


Hace algo más de un año, mi médico me informaba de los resultados de unas pruebas, anunciándome que tengo el corazón algo más grande de lo normal. No es mucho, por lo tanto no requiere tratamiento, aunque sí un cierto control periódico. De momento, no hay que preocuparse- fueron sus palabras.
Pensé, en ese momento, darle alguna explicación sobre la que yo pensaba que podía ser la causa, pero tuve claro que no me entendería.
Esta tarde, mientras jugaba con dos de mis sobrinos, el mayor de ellos, con sus diez años recién cumplidos, sin razón aparente se acercó hasta donde estaba yo para darme un potente achuchón y decirme que me quería muchísimo.
En ese instante noté cómo mi corazón volvía a crecer un poquito más y tan sólo pude pensar: Estos niños me van a matar de amor, pero no me importa, porque moriré feliz.

viernes, 22 de febrero de 2013

Yo voy soñando caminos

Hoy en el 74° aniversario de su muerte he decidido comenzar el día leyendo uno de sus poemas.

Yo voy soñando caminos 
de la tarde. ¡Las colinas 
doradas, los verdes pinos, 
las polvorientas encinas!... 
¿Adónde el camino irá? 
Yo voy cantando, viajero 
a lo largo del sendero... 
-la tarde cayendo está-. 
"En el corazón tenía 
"la espina de una pasión; 
"logré arrancármela un día: 
"ya no siento el corazón". 

Y todo el campo un momento 
se queda, mudo y sombrío, 
meditando. Suena el viento 
en los álamos del río. 

La tarde más se oscurece; 
y el camino que serpea 
y débilmente blanquea 
se enturbia y desaparece. 
Mi cantar vuelve a plañir: 
"Aguda espina dorada, 
"quién te pudiera sentir 
"en el corazón clavada".

Antonio Machado

jueves, 21 de febrero de 2013

SOY ALGUIEN


El otro día, escuchaba a Herrera en su “Onda” que decía, “si no tienes a nadie que te espíe, no eres nadie”, refiriéndose evidentemente al muy actual tema del caso de espionaje en Cataluña.
En el transcurso de la mañana, mientras leía atentamente los datos que un compañero me había enviado por correo, el puntero de mi ratón comenzó a moverse por su cuenta y riesgo. Inmediatamente moví el ratón enérgicamente, dando por hecho, que aquel bicho se había quedado pillado. Cuando lo solté, obtuve por respuesta un movimiento más rápido aún del puntero, como si alguien quisiera decirme: estate quieta “jodía” y no toque más.
Miré a mi alrededor, para comprobar, por la cara de mis compañeros, si alguno más estaba sufriendo aquella infección vírica, dando por supuesto que alguien me estaba colando un gol.
Al no notar nada extraño y antes de dar la voz de alarma arriesgándome a dar la nota de forma innecesaria, cogí mi teléfono y llamé al informático de turno para contarle mi caso.
Tras quince minutos de averiguaciones, observando cómo en mi pantalla se abrían y cerraban ventanas con carpetas de documentos y cuadros de diálogo en los que se marcaban, se desmarcaban y se aceptaban unas configuraciones sobre las que nadie me había preguntado, recibo una llamada justo en el momento en el que el puntero vuelve a quedarse estático.
Era el informático que me anunciaba que se había producido un error y que un compañero había entrado por control remoto en mi ordenador creyendo que era el de otra persona.
Vamos, que se estaba dando una vuelta por el contenido de mis carpetas haciendo visibles incluso aquellas, que por ser propias del sistema operativo, se encontraban ocultas, echando ya de paso, un vistazo a los documentos del disco duro, cuestión que le debió parecer de lo más aburrida, pues todo lo allí almacenado son documentos de trabajo y tienen su correspondiente copia en el servidor.
Llegados a ese punto, dudo de si el error se ha producido al entrar en mi ordenador en vez de en el de otro, o si el error ha consistido en que yo me diera cuenta de la intrusión, aunque independientemente de una u otra situación, esto se ha convertido en espionaje y eso me hará dormir mejor esta noche, porque me proporciona la categoría de “Alguien”.

miércoles, 20 de febrero de 2013

HASTA EL MOÑO


He tenido una mañana de caldeos y de elaboración de informes, donde prima, por encima de todo, el nombre de aquel al que van a colgar la medalla, junto a su cargo correctamente detallado, minorando la importancia del contenido,
He podido comprobar que el reparto de competencias no va en relación al sueldo asignado, y la asunción de responsabilidades baja en el organigrama como la renta básica.
He corrido el riesgo, no de que me despidan, sino de que me den un golpe en la nuca, como a los conejos, porque con esa manía que tengo de no callarme, algún día alguno de mis jefes me va a dejar en el sitio.
Después de todo esto, he decidido escribir algo antes de enfrentarme a la cantidad de incoherencias, que por parte de unos y otros, voy a escuchar en el Debate de la Nación, aún a riesgo de pegar un reventón a consecuencia de la indignación.
Y es que si reviento, luego, no podré decir que estoy, como la mayoría, ¡Hasta el Moño!

martes, 19 de febrero de 2013

LES LLEGÓ EL TURNO A LOS AYUNTAMIENTOS


El periódico anuncia la modificación de la Ley de Bases del Régimen Local.
Vaya por Dios, el jueves, fue el tema estrella de una de las reuniones de trabajo y el sábado sale publicado en periódicos y en telediarios.
A mí particularmente me jode bastante, y no porque me dedique a la política, Dios me libre, ni siquiera porque me afecte en tema de sueldos, que ya es lo que me faltaba, ni siquiera trabajo para ninguna administración local, que sí que sería una opción.
Sin embargo, me da de pleno por dos motivos, en primer lugar porque como ciudadana, me da la sensación de que voy a sufrir un traspaso de competencias, en sanidad, educación y servicios sociales, que me sugieren un cierto distanciamiento de unos servicios a los que “tenía” derecho, hiciera o no uso de ellos; y en segundo lugar porque uno de los proyectos en los que estoy trabajando, acaba de perder su fundamentación y aunque creo que no se va a descartar, sí que tendremos que pasarlo a otro equipo de trabajo, pues se escapa de nuestras posibilidades.
Saltando el tema del traspaso de competencias y entrando a fondo en temas económicos, surgen en mi cabeza un montón de preguntas ante la nueva situación de aquellas poblaciones de menos de 1000 habitantes. De momento y sin correr mucho, sus alcaldes no tienen derecho a cobrar nada de nada. Y  digo yo: “Los alcaldes ¿tienen derecho a ir a la huelga?, ¿pueden coaccionar a algún vecino de la localidad que no esté empadronado para que lo haga cuanto antes?, ¿dependerá el sueldo de un alcalde de si algún vecino al que no le caiga muy bien se empadrone en el pueblo de al lado? ¿Vale robarse vecinos de una localidad a otra? ¿Empadronarse lleva compromiso de permanencia? Por Dios, que sin vivir.
Y esto que estamos hablando, en muchos casos, de sueldos inferiores a los 21.000 € frente a los 110.000€ que cobra el alcalde de Barcelona. Vamos, una sutil diferencia de algo más del 80%. Y aunque algunos no se merecen, como diría alguien, ni el aire que respiran, pues son unos hijos de su Santa Madre, otros van a pagar lo que los pecadores se han llevado, siendo la honradez o la falta de la misma, totalmente independiente del número de habitantes de la localidad que gobiernan.
Aunque eso sí, esto va a suponer un ahorro monumental de más de 7.000 millones de euros (que se dice pronto), que visto lo visto, no tengo muy claro a las arcas de quién van a ir a parar.
Y es que eso de que David gane a Goliat, se da poca veces en la historia. El grande sigue siendo el grande y tiene la fuerza… en la trompa, ¿Dónde si no?


lunes, 18 de febrero de 2013

NI TANTO NI TAN CALVO


Ni tan mala como para envenenarme en el accidental caso de que me mordiera a mí misma, como piensan algunos, ni tan buena como para pedir mi beatificación como piensan otros. Yo soy más del montón, con un poco de todo, dependiendo del momento.
Como decía mi abuela: “en la variedad está el gusto y en el término medio la virtud”.

domingo, 17 de febrero de 2013

EL TACTO DE LA FRANELA


A veces, las palabras, al igual que los olores, hacen reaccionar al cerebro y evocan recuerdos y sensaciones que provocan movimientos internos.
Ayer fue “franela” la que removió mi interior, cuando al llegar a casa de mis padres, mi madre me anunciaba que me había puesto en la cama unas sábanas de franela para que durmiera más calentita.
Fue un movimiento suave, sereno, pero que hizo que mi memoria retrocediera justo un año.
Ese día, unas sábanas de franela viajaron unos cientos de kilómetros y me rozaron de forma tangencial. Pero fue un roce tan sutil que no pude apreciar su suavidad ni notar su calor, aunque por ellas pude recorrer España de punta a punta, desde Granada a Coruña con alguna parada intermedia.
Gracias a ellas se abrió una noche de cena y teatro, de tranquila charla y buena compañía.
Todo se esfumó cuando alguien las metió en un horno que no estaba para bollos, y menos, evidentemente, para  sábanas.
De eso ya hace un año, y aunque he hecho amago de comprar unas sábanas de franela para mi casa, no lo he hecho, porque sé que si algún día las llego a poner en mi cama seguro que no será lo mismo.